EU sufre una grave crisis y pérdida de la hegemonía
Lejos de ver una demostración de poderío en el operativo “Resolución Absoluta” del ejército de Estados Unidos contra Venezuela el pasado tres de enero –que destruyó parte de la defensa antiaérea venezolana, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa y mató a más de un centenar de personas en tierra— la investigadora Silvina Romano, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), interpreta ese golpe de Washington como una señal de decadencia.
“Esto es señal de una crisis de debilidad y pérdida de hegemonía en Estados Unidos. Todo esto tiene más que ver con los intereses las corporaciones, en especial de la industria militar. Pero cuando se toman este tipo de decisiones violentas e ilícitas saltándose toda norma de diplomacia y de derecho internacional también se viola la ley interna. Y ahora lo que está en juego es toda la institucionalidad estadounidense. Hay que ver cómo se saltaron al Congreso para este acto de guerra contra Venezuela”.
Estas señales de desgobierno y uso bruto de la fuerza fueron manifiestas y marcan el modo de regir de Donald Trump desde el asalto del Capitolio (enero 2021) en Washington, indica.
Y recomienda esta especialista en relaciones de América Latina y Estados Unidos desde la guerra fría hasta la época actual, compiladora del libro Trumperialismo, la guerra permanente contra América Latina. “Ahí es donde nosotros como latinoamericanos tenemos que poner el foco”.
–Ante hechos así en automático uno piensa en fuerza; fuerza bruta si se quiere. Pero poderío. A primera vista uno diría que, si son capaces de realizar una operación bélica tan sofisticada, es porque se trata de una nación muy poderosa desde el punto de vista militar, tecnológico, con una gran capacidad de espionaje e infiltración.
–¿Y qué es esa demostración de fuerza sin un consenso interno? Estamos viendo mucho descontento, no solo una falta de adhesión al interior de su gobierno. Muchos congresistas, incluso republicanos, se manifestaron en contra. Incluso Hillary Clinton, halcón entre halcones, ya salió a decir que esto fue un despropósito.
–Aunque la Casa Blanca cuenta con el apoyo de un núcleo duro…–
–Entre las cúpulas de las corporaciones empresariales, sí. En esta su segunda administración, Trump tiene el mayor consenso en ese sector. Hay que recordar que ese respaldo no lo tenía de la misma forma en su primer periodo. En ese tiempo también apeló a la Doctrina Monroe (a través de su secretario de Estado Rex Tillerson en un discurso en 2018) pero su idea no caló. Ahora sí. Ese núcleo duro de las corporaciones está viendo oportunidad para sus negocios y para ampliar sus poderes. Y tiene un contexto favorable con el ascenso de los gobiernos de derecha en la región.
El expansionismo desde el siglo XIX
–Al parecer, Trump interpreta la Doctrina Monroe como “hacemos lo que queremos en el hemisferio”. Algunos historiadores consideran que esa visión tan reducida va en contra del espíritu de la doctrina que es para “salvaguardar la democracia” en la región.
–La Doctrina Monroe, desde su origen, es expansionista. No se trataba de “proteger” el hemisferio, sino de asegurar ese territorio como esfera de influencia imperial. Los hechos muestran con claridad esta tendencia desde el siglo XIX.
–Lo que se vio el tres de enero realmente no fue inesperado, pero sí tuvo un desenlace distinto al previsto, con el mantenimiento del resto del Estado venezolano más o menos intacto.
–No fue un proceso que se planeara en cinco meses. Fueron décadas de preparar el terreno, desde que asumió la presidencia el comandante Hugo Chávez, que fue banalizado, criminalizado, denigrado, calumniado. A la muerte de Chávez, Nicolás Maduro empezó a vivir este proceso de satanización desde el primer minuto, apoyado por la opinión pública internacional.
“Y fue cercado. Los aliados de los gobiernos progresistas latinoamericanos que había entonces no los tuvo Maduro al final. Y todo en medio de un cerco no sólo económico sino también político y militar.
“Estamos hablando de una reorganización geopolítica de Estados Unidos en toda la región para contener el proceso venezolano”.
Silvana Romano, investigadora también del Consejo Nacional en Investigaciones Tecnológicas y Científicas (CONICET) y autora de libro Lawfare, cita datos de ese cerco: en territorio peruano operan 18 Centros de Operación de Emergencia Nacional (COER) con personal militar estadunidense. Desde antes de 2023 se desplegaron más de dos mil militares de Estados Unidos con armas de guerra, aeronaves y barcos. Además, durante el gobierno de Dina Boularte Lima recibió más de 200 mil dólares de cooperación para la seguridad.
Además están las bases militares que prevalecen en Colombia y Ecuador.
Trumpimperialismo
En el libro Trumpimperialismo (publicado en 2020) la coautora Tamara Lajtman concluye que “el establecimiento de estrategias militares a nivel continental sustentadas en la redefinición de enemigos y amenazas a la seguridad hemisférica da cuenta del carácter militarista del imperialismo estadounidense que trasciende el color de las administraciones (republicanos o demócratas)” pues articula las estrategias del Pentágono con el complejo industrial militar. Esto, dice, “suele ser olvidado convenientemente por los análisis coyunturales”.
En este capítulo también se recuerda la afirmación del almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur, quién ya en 2019 advertía que habría un aumento en la presencia militar estadounidense en el hemisferio y que eso incluiría barcos, aviones y fuerzas de seguridad “para –dijo– tranquilizar a nuestros socios y contrarrestar una variedad de amenazas que incluyen el narcoterrorismo ilícito”.
Retoma Silvana Romano: “Por eso digo que para este acto de guerra se preparó el terreno durante décadas. Fue precedido por toda esta operación de descrédito y de guerra sicológica, en el que participan los grandes medios de comunicación y las agencias. Por eso fue fácil para decenas de gobiernos y muchas agencias internacionales desconocer el proceso democrático de Venezuela por no seguir las pautas de la democracia representativa procedimental de Estados Unidos.
“Lo que sucedió fue una declaración de guerra convencional con el uso de la fuerza pura y dura, con la tecnología más avanzada y en un contexto en el que se venían dando varias guerras no convencionales, guerras híbridas”.
–Uno entendería una guerra convencional con el despliegue de topas en el terreno. ¿Por qué esto es diferente?
–Mi hipótesis es que el conflicto militar orquestado por Estados Unidos en el Medio Oriente por décadas y décadas ahora se traslada a nuestro hemisferio. Y es también una guerra para la captura de los recursos naturales que de este lado del mundo son para Estados Unidos más baratos y geográficamente accesibles. Y a industria militar los está requiriendo con urgencia para su expansión.
Las relaciones en el mundo sin “sutilezas”
Las declaraciones y discursos del presidente Donald Trump y sus funcionarios de mayor confianza (principalmente el asesor de seguridad nacional Stephen Miller, quizá su amigo y consejero más cercano) han sido en días recientes más descarnados en la descripción de la verdadera forma de pensar hipercolonialista de la Casa Blanca.
“Estamos en un contexto propicio para que ellos usen ese discurso de la fuerza pura y dura que retoma la Doctrina Monroe como si no hubieran pasado tres siglos, como si no se hubieran dado tantas batallas para mejorar las relaciones internacionales para democratizar la diplomacia, para promover la paz”, sostiene la analista internacional Silvina Romano, investigadora del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) en entrevista.
–¿Cómo hay que leer estos discursos de atropello en los que ni siquiera necesitan una justificación legal para lo que están haciendo y desdeñan la diplomacia y el multilateralismo como frivolidades, como lo dijo Stephen Miller? ¿Cómo ve esta nueva forma de pronunciar el mundo?
–Lo hacen porque lo pueden hacer, porque llevan décadas preparando el terreno para este momento. Este no es el corolario Roosevelt, ni el corolario Trump, es el corolario de la batalla cultural que libraron todo este tiempo.
“Si se fijan, hay un correlato de todo esto en las películas de Hollywood, en las series de Netflix y otras plataformas, relatos y contenidos con distintos estilos, con humor, con violencia, con más violencia, con sexo, con lo que quieras, pero implantan el tema de Estados Unidos y el poder de la violencia como parte de la naturaleza de la historia.
“Noam Chomsky lo vio con mucha claridad cuando terminó la guerra de Vietnam (1975) y dijo: ya verán cómo se encargan de hacer todo tipo de películas y literatura que nos harán pensar que nosotros ganamos la guerra, no la perdimos.
“Esa derecha reivindica esta forma de gobernar como la anti política y eso tiene un vínculo muy cercano al fascismo. Y es antipolítico porque no hay espacio para la negociación y el diálogo. Si hay un gobierno que yo veo como disruptivo lo catalogo como mi enemigo y lo voy a eliminar. Me basta con un tweet.
“La esperanza está en la sociedad estadunidense”
–Volviendo al siglo XVIII… la doctrina Monroe al menos tenía un dictado político imperial para las relaciones de Estados Unidos en el hemisferio. ¿Trump lo tiene?
–Tiene menos componentes políticos y estratégicos, eso seguro. Esto es simplemente un gobernante tomando decisiones de la mano de un complejo militar gigantesco, el más grande del mundo.
–A pesar de la hegemonía en declive como las señalas y la falta de consenso, Trump va apenas en su primer año de gobierno. Todavía tiene tres años para hacer mucho daño…
–Pero hay muchos factores todavía que pueden intervenir. Ojo que ahí está también la sociedad civil. Todavía no vemos en Estados Unidos esas marchas masivas que hubo en los años 60 y 70. Pero todavía puede ocurrir. El descontento está creciendo.
“Yo tengo mi esperanza puesta en que sea dentro de Estados Unidos donde contengan a Trump porque a nivel regional en América Latina en la medida en que se expanden estos gobiernos de derecha no hay capacidad de contenerlo.
–¿Y frente a México? ¿En tu análisis consideras que las amenazas o bravatas de Trump puedan concretarse?
–Los vínculos económicos entre los dos países son tan fuertes que si queda algo de sobriedad en la Casa Blanca van a tener que seguir negociando y dialogando. Hay mucho más en juego en este caso. Además de que la situación de México es muy distinta a la de Venezuela. En los últimos años fueron muy minoritarios los sectores que apoyaron a Venezuela. No supieron entender lo que estaba en juego, no leyeron la historia. Nunca comprendieron que independientemente si les gustaba o no Nicolás Maduro era mucho mejor que esas reservas petroleras estuvieran de este lado y no en manos de ellos.
Latinoamérica… como la cigarra
–¿Puede Washington imponer una Doctrina Monroe para el siglo 21?
–Depende quien lo mire. Para el complejo industrial militar sería bárbaro. Este es el momento de mayor rearme en la historia. Pero para la situación política interna estadounidense yo veo que cada vez hay más fisuras. Y eso es importantísimo porque es una potencia y lo que está en disputa hoy, incluso entre la sociedad civil, es la naturaleza del orden que va a prevalecer. Si hay algo que puede detener hoy esta barbarie está en Estados Unidos. Ellos son los más interesados de que no se aplique esta doctrina del trumperialismo 2.0.
–¿Qué tan grave es desde tu perspectiva la crisis del multilateralismo, la falta de capacidades para encauzar las crisis hacia soluciones pacíficas, el desplome de la cooperación humanitaria?
–Yo creo que aquí también desde la periferia tenemos mucha responsabilidad, porque cuando se crearon estas instituciones internacionales las reglas se hicieron para favorecer los intereses de las potencias. Muy pocos de estos organismos internacionales han contribuido a los reclamos de soberanía y autonomía de las periferias. ¿Cuántos golpes de Estado apadrinó Estados Unidos en América Latina desde que existen estas instituciones? Muchísimos, y nadie metió las manos. Empezando por el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala. Hace 6 décadas los demócratas guatemaltecos llegaron hasta el Consejo de Seguridad de la ONU para denunciar que los estaban derrocando solamente por exigir la instauración de un régimen democrático al estilo Roosevelt, que sacara al país del feudalismo. Nadie hizo nada.
–¿Qué valor puede tener un pronunciamiento en contra de la acción militar contra Venezuela que recientemente suscribieron México, Brasil, Colombia, Chile y España?
–Sí existe la posibilidad de cambio, si existe la utopía, está entre nosotros, en América Latina, en este patio trasero por la lucha inclaudicable que en la región se ha librado en contra del imperialismo. Somos como la cigarra, cantando al sol después de un año bajo la tierra, como dijo Mercedes Sosa. Es así.
(Con información de La Jornada)
