¿Quiénes son los verdaderos terroristas?

La prensa mundial dice: ¡Eh, miren los terroristas derribaron las torres gemelas en 2001! ¡Eh, oigan, los terroristas atacaron a los pobres franceses!, dicen las redes sociales. Y todo mundo lee, escucha, y siguen a los que hablan…

Qué mal, sí, qué mal por las víctimas inocentes del terrorismo en los países occidentales que de vez en vez son atacados por yihadistas o atacantes solitarios. Pero qué mal también por aquellos que fallecen en los países en guerra y viven mientras otros mueren aterrorizados. O por aquellos que huyen despavoridos de los ataques de los países del primer mundo…

A continuación el artículo de The New York Times:

Hay un hecho básico sobre la guerra civil de Siria que nunca parece cambiar: frustra cualquier intento de resolución.

Pese a muchas ofensivas, conferencias de paz e intervenciones extranjeras, la única aguja que parece moverse es la que mide el sufrimiento de los sirios; el cual solo empeora.

En conjunto, la investigación académica sobre las guerras civiles revela por qué. El promedio de esos conflictos ahora dura alrededor de una década, el doble de lo que lleva el de Siria. Pero hay un puñado de factores que pueden alargarlos, hacerlos más violentos o dificultar más el ponerles fin. Virtualmente todos están presentes en Siria.

Muchos se originan en las intervenciones extranjeras que pretendían poner fin a la guerra pero más bien la han atrincherado en un estancamiento en el cual la violencia se está reforzando y las vías normales para la paz están cerradas. El hecho de que la batalla latente sea entre varios bandos en vez de bilateral también funciona en contra de la resolución.

Cuando se le preguntó qué otros conflictos a lo largo de la historia tuvieron dinámicas similares, Barbara F. Walter, profesora de la Universidad de San Diego y experta en guerras civiles, hizo una pausa, consideró algunas posibilidades, luego se rindió. No había ninguno.

“Este es realmente un caso muy difícil”, dijo.

 

Largo conflicto

La mayoría de las guerras civiles terminan cuando un bando pierde. Ya sea derrotado militarmente, o que agote sus armas o pierda apoyo popular y tenga que darse por vencido. Alrededor de una cuarta parte de las guerras civiles termina en un acuerdo de paz, a menudo porque ambos bandos están agotados.

Eso podría haber sucedido en Siria: los combatientes centrales, el gobierno y los insurgentes que empezaron a combatir en 2011, están bastante débiles y, por sí solos, no pueden sostener los combates por mucho tiempo.

Pero no están solos. Cada bando es respaldado por potencias extranjeras; las fuerzas que normalmente desacelerarían la inercia del conflicto están ausentes, permitiendo que continúe por mucho más tiempo de lo que sería en otro caso.

Esta es la razón de que, según James D. Fearon, un profesor de Stanford que estudia las guerras civiles, estudios múltiples hayan concluido que “si se tiene intervención externa en ambos bandos, la duración es significativamente mayor”.

 

Ni perder ni ganar

Los patrocinadores extranjeros no solo eliminan los mecanismos para la paz. Introducen mecanismos de refuerzo para un estancamiento que se intensifica cada vez más.

Siempre que un bando pierde terreno, sus patrocinadores extranjeros incrementan su involucramiento, enviando suministros o apoyo aéreo para evitar la derrota de su participante favorecido. Luego ese bando empieza a ganar, lo cual tiende a provocar que los simpatizantes extranjeros del otro incrementen también su apuesta. Cada intensificación es un poco más fuerte de lo que fue la anterior, acelerando las muertes sin siquiera cambiar el balance fundamental de la guerra.

Esta ha sido la historia de Siria casi desde el principio. A fines de 2012, mientras los militares de Siria sufrían derrotas, Irán intervino en su nombre. Para principios de 2013, las fuerzas gubernamentales se recuperaron, así que los estados del Golfo ricos inundaron de apoyo a los rebeldes. Varias rondas después, Estados Unidos y Rusia se han unido a la refriega.

 

Atrocidades

Siria ha visto repetidas matanzas masivas indiscriminadas de civiles, en todos los bandos. Esto no es provocado solo por la maldad, sino por algo más poderoso: los incentivos estructurales.

En la mayoría de las guerras civiles, las fuerzas que combaten dependen del apoyo popular para tener éxito. Este “terreno humano”, como le llaman los expertos en contrainsurgencia, ofrece a todos los bandos un incentivo para proteger a los civiles y minimizar las atrocidades, y a menudo ha resultado decisivo.

Guerras como la de Siria, en la cual el gobierno y la oposición dependen fuertemente del apoyo extranjero, alientan precisamente el comportamiento contrario, según la investigación de Reed M. Wood de la Universidad Estatal de Arizona, Jacob D. Kathman de la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo y Stephen E. Gent de la Universidad de Carolina del Norte.

Como los combatientes de Siria dependen de patrocinadores extranjeros, en vez de la población local, tienen poco incentivo para proteger a los civiles. De hecho, esta dinámica convierte a la población local en una amenaza potencial en vez de un recurso necesario.

 

El fin es pelear, no ganar

El gobierno sirio y los insurgentes que lo combaten son internamente débiles en formas que los llevan a preferir un estancamiento, sin importar cuán terrible sea, por encima de casi cualquier resultado viable.

Los líderes máximos de Siria pertenecen mayormente a la minoría religiosa alauita, que conforma una pequeña parte de la población del país pero una porción desproporcionada de las fuerzas de seguridad. Después de años de guerra con base a líneas demográficas, los alauitas temen que pudieran enfrentar el genocidio si Assad no asegura una victoria total.

Pero esa victoria parece extremadamente improbable, en parte porque el estatus minoritario de los alauitas les ofrece poco apoyo para restablecer el orden con cualquier cosa excepto la violencia. Así que los líderes de Siria creen que el estancamiento es la mejor manera de preservar la seguridad alauita actualmente, aun cuando incremente los riesgos para su futuro a largo plazo.

La oposición de Siria es débil en una forma diferente. Está fracturada entre muchos grupos, otro factor que tiende a prolongar las guerras civiles y hacer menos probable que terminen pacíficamente.

 

Los peligros de la victoria

La única forma segura de romper el estancamiento es que un bando se eleve más allá de lo que el otro pueda igualar. Como Siria ha atraído a dos de las principales potencias militares del mundo, Rusia y Estados Unidos, esa posición muy probablemente solo se lograría mediante una invasión a gran escala.

En el mejor de los casos, esto requeriría algo similar a las prolongadas ocupaciones estadounidenses de Irak o Afganistán. En el peor, invadir una zona de guerra donde tantos adversarios extranjeros están activos pudiera encender una importante guerra regional.

Otra forma en que esas guerras pueden terminar es que uno de los patrocinadores extranjeros cambie su política exterior y decida retirarse. Esto permite al otro bando ganar rápidamente.

Pero, en Siria, como cada bando está respaldado por múltiples potencias extranjeras, todos los patrocinadores de cada bando tendrían que retirar su apoyo al mismo tiempo.

 

Pacificadores

Los acuerdos de paz a menudo tienen éxito o fracasan según quién controle a las fuerzas militares y de seguridad. En Siria, esta quizá sea una pregunta sin respuesta.

Es un tema no de codicia, sino de confianza. Después de una guerra tan brutal como la de Siria, en la cual han muerto más de 400 mil personas, los combatientes razonablemente temen que vayan a ser masacrados si el otro consigue demasiado poder. Pero un acuerdo que diera a las partes un poder militar igual crea un alto riesgo de recaer en la guerra. También lo hace permitir que los rebeldes conserven sus armas e independencia; una lección que el mundo aprendió en Libia.

Al mismo tiempo, debe haber algún tipo de fuerza armada que restablezca la seguridad y limpie de cualquier cacique o milicias restantes.

A menudo, la solución ha sido que otro país o una organización, como Naciones Unidas, envíe pacificadores. Estas fuerzas mantienen bajo supervisión a todos durante la transición del país hacia la paz y ofrecen seguridad básica en una forma que no provoca que alguno de los bandos se rearme.

 

Un giro hacia el desastre

Fearon, enlistando las formas en que la guerra de Siria no puede terminar, dijo que en el mejor de los casos, un bando produciría lentamente una victoria remota que meramente degradaría la guerra a “una insurgencia de menor nivel, ataques terroristas, etc.”

El peor de los casos es ‘significativamente peor’.

Según un artículo de 2015 de Walter y Kenneth M. Pollack, un experto en Medio Oriente: “La victoria militar rotunda en una guerra civil a menudo conlleva un precio de niveles horribles (incluso genocidas) de violencia contra los derrotados, incluidas sus poblaciones civiles”.

Esto pudiera provocar conflictos totalmente nuevos en Medio Oriente, concluyeron: “Los grupos victoriosos en una guerra civil a veces también tratan de emplear su recién encontrada fuerza contra los Estados vecinos, resultando en guerras interestatales”.

Este no es un giro que alguien quiera, pero es la dirección en que los muchos participantes nacionales y extranjeros de Siria están llevando al país, cuyos días más oscuros quizá aún estén por delante.

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