La adicción al trabajo en empresas tóxicas

Luego de aplicar una encuesta a tres mil trabajadores de distintas compañías mexicanas y analizar sus respuestas, un grupo de investigadores de la Facultad de Psicología, coordinado por Erika Villavicencio Ayub, logró trazar el perfil de las empresas denominadas tóxicas.

“Éstas carecen de programas de balance de vida y trabajo. No cuentan con una estructura organizacional en función de cargas y responsabilidades (pocas personas hacen muchas tareas) y, por si fuera poco, restringen las prestaciones o las que ofrecen tienen el nivel más bajo”, señaló Villavicencio.

Ese grupo encontró también una relación entre las dinámicas laborales que fomentan esas firmas y las repercusiones que se advierten en la salud de sus empleados; un ejemplo de lo anterior es que al no respetar los horarios alientan la adicción al trabajo o trabajolismo, entre otros trastornos.

Los trabajólicos a veces tienen dos empleos, descansan poco y trabajan más allá de su horario, pues en ciertos lugares éste no se respeta: se sabe a qué hora se entra, pero no a qué hora se saldrá.

Poco estudiada

Fue el psicólogo estadunidense Wayne Oates quien hacia finales de la década de los años 60 del siglo XX estudió esta adicción y la definió como la necesidad incontrolable de realizar, de manera excesiva y sin límites, acciones ligadas a la actividad profesional. Posteriormente, con la aparición de su libro Confessions of a workaholic, el término se popularizó y se tradujo al español como trabajólico.

Como pasa con otro tipo de adicciones, si la que se da al trabajo no es alimentada constantemente, produce ansiedad. Aunque ha despertado la atención de los especialistas ha sido poco analizada, pues no es fácil autodetectarla y catalogarla entre las alteraciones ocupacionales que tienen consecuencias psicológicas, biológicas y conductuales.

Ansiedad y culpabilidad

Cifras mundiales indican que entre 30 y 35 por ciento de los empleados son trabajólicos. Esta condición se presenta en aquellas personas que laboran más de 10 horas al día (entre 50 y 60 a la semana).

“A veces tienen dos empleos, descansan poco y trabajan más allá de su horario, pues en ciertos lugares éste no se respeta: se sabe a qué hora se entra pero no a qué hora se saldrá.”

Otras conductas ayudan a diagnosticar esta adicción: que el individuo no pueda desconectarse de su trabajo ni en su tiempo libre (los fines de semana, los días festivos, en vacaciones o incluso cuando está enfermo) y que niegue que sea un trabajólico.

“Hay personas que sufren ansiedad cuando no trabajan y sienten culpabilidad si no hacen algo. Esto las motiva a permanecer conectadas a sus labores. En nuestro estudio vimos que 75 por ciento de los entrevistados reconocieron que usan teléfonos inteligentes, con lo cual incrementan entre cinco y 10 horas su ocupación, aun a altas horas de la noche”, dijo la investigadora.

Por lo que se refiere a la parte conductual, los trabajólicos suelen abandonar las actividades sociales o recreativas como la práctica de algún deporte. En cuanto a la parte biológica, padecen trastornos del sueño, especialmente insomnio; asimismo, y como no dejan que su organismo se restablezca, pues es mucha la presión para que cumplan las metas establecidas, comienzan a enfermarse por el desgaste excesivo.

“Aún más: a quienes padecen esta condición les es difícil delegar responsabilidades, rechazan el trabajo en equipo y tienden a ser individualistas, obsesivos, perfeccionistas y exigentes.”

Un dato que resalta en el estudio es que 85 por ciento de las compañías premian estos comportamientos. “La cultura laboral en el país ha confundido la adicción al trabajo con el compromiso. No obstante, son cosas diferentes. Por esto sería deseable que las empresas se sensibilizaran al respecto. México es una de las naciones donde más se trabaja, pero también una de las menos productivas”, indicó Villavicencio Ayub.

A quienes la tienen les es difícil delegar responsabilidades, rechazan el trabajo en equipo y tienden a ser individualistas, obsesivos, perfeccionistas y exigentes.

Karoshi

Esta dependencia, como cualquier otra, tiene repercusiones en el individuo; a la larga, el desempeño de éste no tiene la misma eficiencia. La situación más drástica termina en un infarto al miocardio. “Recientemente, ese índice se ha incrementado; este fenómeno, conocido como karoshi (muerte por exceso de trabajo, en japonés), se reportó en Japón también a finales de la década de los años 60”.

Ahora bien, agregó la especialista, el karoshi no sólo se desencadena por la sobrecarga laboral o la presión, sino también por una mala alimentación y el consumo de sustancias adictivas como el tabaco o el alcohol.

En México ya se han registrado casos de infarto al miocardio, a veces fulminante, sobre todo entre mandos medios y superiores cuyas edades oscilaban entre los 35 y los 45 años, es decir, cuando se alcanza una posición relevante en la estructura ejecutiva de las empresas.

“En vez de reconocer y cuidar a los empleados que dan buenos resultados, las empresas tóxicas los castigan con actividades extras. Éstos toman tal medida como un reconocimiento, cuando en realidad es un doble mensaje que a la larga puede afectar la productividad en general”, afirmó.

Incremento de divorcios

De acuerdo con el estudio realizado por el grupo de psicólogos universitarios, 20 por ciento de los encuestados se reconocen adictos al trabajo. Además, no se encontraron diferencias estadísticas significativas entre hombres y mujeres (es decir, esta dependencia no respeta a ningún género) ni entre los empleados de las áreas laborales estudiadas (contadores, administradores, responsables de ventas e ingenieros, entre otros).

“La mayoría de las firmas inmersas en la cultura trasnacional ha aprendido a cuidar su talento. En general, establecen programas que favorecen la calidad de vida y la salud ocupacional de sus trabajadores. Las tóxicas, en cambio, están a años luz de estos esquemas. Pareciera que parten de la creencia de que si promueven algún beneficio, la productividad bajará”, comentó Villavicencio Ayub.

A menudo, el mismo líder de una empresa tóxica es un trabajólico que empuja al resto de los empleados a reproducir su misma conducta, pues considera que es el camino para mejorar los niveles de ingreso.

“Otra consecuencia de esta adicción reportada en países altamente industrializados es el incremento de divorcios, pues se deja de lado el tiempo para la pareja y empiezan el distanciamiento y la insatisfacción.”

Para la investigadora, la cultura del trabajo que se practica en la nación no favorece la productividad ni la eficiencia en el empleo.

“Si sales a tu hora los ejecutivos te ven mal y suponen que no estás comprometido. Pero es tiempo de que los dueños de empresas y los administradores de recursos humanos se den cuenta de que esa creencia lleva a trastornos. Si se sigue poniendo en práctica, tarde o temprano cundirán el presentismo, el aburrimiento laboral –otro trastorno– y, finalmente, la adicción al trabajo que, lejos de beneficiar, acarrean afecciones tanto a los individuos como a las compañías”, concluyó.

(Con información de Gaceta UNAM)

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