Después del 9 de marzo, la organización política: ML

Es necesario plantear qué significa la ausencia de las mujeres de sus actividades cotidianas y ver si están en las prioridades del gobierno

Después del 8 de marzo, cuando ocurran manifestaciones para conmemorar el día internacional de la mujer y del 9 de marzo, cuando se lleve a cabo el paro nacional convocado por colectivos feministas para condenar la escalada de feminicidios en el país, lo que tiene que venir es la organización política, plantea la académica y destacada feminista, Marta Lamas.

En entrevista, la académica del Centro de Investigaciones y Estudios de Genero de la UNAM señala que es necesario plantear qué significa la ausencia de las mujeres de sus actividades cotidianas y ver si sus aportaciones están siendo incluidas en la agenda de prioridades del gobierno.

La especialista en asuntos de violencia y comercio sexual prefiere que en lugar de concentrar la atención en declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre las manifestaciones de colectivos feministas, donde a veces no es muy acertado, se analice lo que realizan las instituciones encargadas de desarrollar acciones en la materia.

—¿Cuál es su opinión de la forma en que el gobierno federal ha reaccionado a las manifestaciones de colectivos feministas en contra de los feminicidios?

—Creo que a quien le toca del gobierno federal es al Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y ha reaccionado muy bien, depende de la secretaría de Gobernación y el discurso de Olga Sánchez Cordero fue buenísimo.

La doctora Nadine Gasman (presidenta del Inmujeres) ha tenido una muy responsable y acertada respuesta y, bueno, se han solidarizado totalmente con el paro.

—¿En el caso de los posicionamientos del presidente López Obrador, cuál es su opinión?

—Yo no lo comento mucho porque no le toca a él. A veces no es muy acertado en sus declaraciones, pero yo creo que ha designado a dos personas que le saben al tema, que son Olga y Nadine y que ellas lo están haciendo muy bien.

—¿Cómo observa las políticas públicas y las instituciones encargadas de atender el asunto de la violencia contra las mujeres?, ¿Contamos con las instituciones y política pública que pueda revertir los fenómenos sociales que afectan a las mujeres?

—El cambio (que se necesita) es más un cambio cultural que de políticas públicas y, evidentemente, no hay en este momento una cantidad de políticas públicas que tendrían que llevarse a cabo porque se están, como limpiando las bases de muchas cosas que no sirven y no funcionan.

Yo no le sé mucho al tema del feminicidio. Me duele y me preocupa y creo que lo que hay que hacer es realmente capacitar en serio al personal de base.

Estoy como muy shockeada con el caso de la niña Fátima, que cuando llegaron a denunciar que había desaparecido, si en ese momento hubiera habido una persona bien capacitada y agarra el caso inmediatamente, probablemente le hubieran salvado la vida.

Este gobierno recibió un sistema de procuración de justicia espantoso y que no se va a componer en un año, ni en dos, ni en tres, sino que va a ser un proceso más largo. Eso también me parece que hay que tomarlo en consideración. No creo que se puedan hacer juicios o consideraciones como si fuéramos Europa Suecia o un país así.

Evidentemente, venimos arrastrando una gravísima problemática de corrupción de ineficiencia, de indiferencia, de muchas cosas del sistema y yo sí creo porque yo conozco más lo que ocurre en la Ciudad de México, y a mí me parece que la nueva fiscal, Ernestina Godoy, está muy clara y que en su equipo hay gente que está tratando justamente  de llegar a ese nivel básico  de capacitación y de movilización y limpiar las cosas que encontraron.

Yo lo veo muy difícil y no soy muy optimista en cuanto a que esto vaya a ser un proceso rápido, pero lo que sí creo que hay, por lo menos en el gobierno de la Ciudad de México, ahí sí puedo afirmarlo, sí hay voluntad política muy clara de las personas encargadas de modificar esto.

Ahora, la realidad es durísima y nos rebasa como nos rebasó con el caso de la niña Fátima. Creo que es un tema muy complicado y es un tema que lamentablemente se está politizando para golpear al gobierno federal, por las declaraciones poco adecuadas que a veces hace el presidente, pero hay que ser más serios en cuanto lo que realmente se está tratando de modificar y cómo se está tratando de modificar.

—¿En estos momentos se puede abrir una coyuntura para repensar la situación del acoso y qué tanto está distante eso del problema de la inseguridad que padecen las mujeres?

—Claro que hay conexiones, claro que es muy difícil hablar de las mujeres. ¿Qué mujeres? ¿las de Ecatepec?, ¿las de Tláhuac, o las de Polanco y las de las Lomas y San Ángel? Hay clases sociales. Hay mujeres que andan en transporte público y mujeres que andan en automóvil y hay estudiantes que viven y sufren el acoso en universidades privadas y universidades públicas.

Hay un problema cultural, con el tejido cultural del machismo donde se han mezclado actitudes que, en un momento determinado,  fueron formas de conquista o de galantería y en la medida en que se vuelven herramientas para imponer un poder como el maestro que condiciona una calificación si la chica sale o no con él o groserías de los compañeros… Creo que  el sexenio pasado, en marzo o abril cuando estallaron los me toos mexicanos, nos dimos cuenta de las barbaridades y de la dimensión del problema y sí hay  una preocupación muy fuerte del gobierno de la Ciudad por parar esto.

—Parece que con el Me Too se observó que hay posturas diferentes entre los movimientos feministas. ¿El momento actual puede ser una buena coyuntura para que se articulen mejor los colectivos feministas? Parece que hay algunos colectivos que son muy radicales al hablar de acoso.

—Todo movimiento político tiene variedades. En todo movimiento político siempre hay gente más sensata y gente más extremista.  A mí eso no me sorprende, lo que me parece importante es que los gobernantes ¿cómo van a normar su política?, porque todo mundo tiene derecho a opinar lo que se le pegue la gana del acoso. ¿Cuáles van a ser las políticas públicas?

Creo que sí hace falta mucho más debate público y mucho más política cultural y no digamos, como ha ocurrido que la Cámara de Diputados, que el planteamiento ha sido subir las penas. Estoy muy en contra del punitivismo penal. Para mí, ni la criminalidad, ni la mala conducta, ni nada, se va a eliminar subiendo las penas, sino que hay qué hacer otro tipo de procesos mucho más complicados y mucho más largos y mucho más de diálogos públicos y de debates públicos para que  la gente le empiecen a caer  los veintes y políticas educativas, y políticas culturales.

—¿El acoso no se soluciona con castigos?

—Depende de qué tipo de acoso estamos hablando. Si hay una chica que el compañero le dice una grosería, pues creo que hay que llamarle la atención al muchacho. No creo que haya que expulsarlo porque le dijo una grosería o una obscenidad, pero si en lugar de decir una obscenidad el cuate la empuja contra a la pared y se empieza a restregar y le mete la mano, en fin, hay unos casos absolutamente escandalosos de lo que es el acoso. No se puede hablar de acoso como si todos los acosos fueran lo mismo.

Yo creo que justamente una de las tareas que deberían tener ahorita las instituciones es trabajar en una tipificación de qué cosas son inaceptables, reprobables, castigables y otras que ya se vuelven delito. Son muchos los matices.

A mí lo que me preocupa con esta discusión es lo blanco o negro y yo creo que hay muchos grises en medio.

También creo que va a ser importante el diálogo antes de simplemente lanzarse con la espada flamígera a cortarle la cabeza.

—Me llama la atención algo que usted escribió en el sentido de que ciertas ideas feministas prenden, pero al mismo tiempo van cambiando y en algunos casos son usadas por fuerzas políticas incluso alejadas del feminismo

—Sí, yo creo que, tenemos que tener mucho cuidado en que esta discusión no se dé un giro hacia un tema muy puritano de que ahora ya no se va a poder hacer ni un chiste sexual o no se va a poder hacer ninguna alusión sexualizada porque todo se va a vivir como agresión.

A mí me preocupa eso porque creo que es importante respetar la expresión del deseo en los espacios públicos mientras no sea agresivo ni grosero.

Todo se puede mal usar. Entonces hay que ser cuidadosos, pero lo que sí me parece que ha sido un acierto de las protestas del Me Too es que han puesto el tema en la agenda de la discusión pública, destapar esta olla de cosas espantosas que se saben ahora y en ese proceso obviamente que va a haber quienes estén en una posición muy extrema y quieran acabar con todo  y quienes estén más dispuestas haciendo  un proceso más razonado.

—¿Llegará el 9 de marzo y después que debe venir?

—Después del 9 de marzo tiene que venir la organización política. La cosa es plantear qué significa esa ausencia de las mujeres en el espacio laboral y en el espacio público y cómo necesitamos, sobre todo, la aportación que hacen ellas y ver si esa aportación está siendo incluida en la agenda de prioridades del gobierno.

Yo creo que hacer política es debatir, debatir, pensar discutir escribir textos, pelearse, en fin todas esas cosas.

(Con información de El Economista)

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