La división Iglesia-Estado se difumina en Alabama

Para los conservadores religiosos, una educación sexual amplia deforma los valores que los adolescentes aprenden en casa

En las radios de Alabama domina el country cristiano. Basta levantar la vista para ver una iglesia. El aborto es considerado un homicidio y las escuelas públicas pronto podrían tener crucifijos en sus aulas. Aquí creció Margaux Hartline, aprendiendo a mantenerse virgen hasta el matrimonio.

Pero el plan no salió como esperaban sus educadores: ahora Hartline, de 25 años, es una combativa activista gay a favor del aborto.

Alabama es el estado más religioso de Estados Unidos. Es la hebilla del «cinturón de la Biblia» en el sureste del país, donde el 82% de sus 4.8 millones de habitantes dicen creer en Dios «con absoluta certeza», según un estudio de Pew Research de 2016.

Pero algunos de sus habitantes con inclinaciones más seglares sienten que la invasiva influencia de la religión es represiva, y los estadounidenses en general ven los recientes sucesos en ese estado como parte de una amenaza creciente a la línea que separa la Iglesia del Estado.

«No tengo por qué seguir las reglas de un sistema de creencias al que no pertenezco», dice Hartline, cuestionando la forma como la religión rezuma en muchos aspectos de la sociedad donde vive.

Amanda Reyes, portavoz de la ONG Yellowhammer Fund, que financia abortos a mujeres de bajos recursos, dice que en el liceo se enseña el sexo como «algo que sólo debe ocurrir en el contexto de un matrimonio heterosexual».

¿Y no se enseñan métodos anticonceptivos, como el uso del preservativo?

«Oh no», responde, riendo a carcajadas. «¡Dios mío, misericordia!».

Ambas acusan a las autoridades de Alabama de reprimir a las mujeres. No sólo por la escasez de servicios de salud reproductiva, sino además porque el sistema educativo pregona la abstinencia como método anticonceptivo.

Este es el ecosistema donde se acoge la ley, aprobada en mayo, que considera el aborto un homicidio y que entraría en vigor en noviembre si no es bloqueada antes por un juez.

Lo más seguro es no tener sexo

El estado no exige que sus escuelas impartan educación sexual. Pero, si lo van a hacer, deben ceñirse a unas «instrucciones» del Código de Alabama de 1975.

En ellas «se promueve la abstinencia, sobre todo como la única forma segura de prevenir enfermedades de transmisión sexual y embarazos indeseados», dice a la AFP Michael Sibley, portavoz del Departamento de Educación de Alabama.

Sibley hace la salvedad de que tales requerimientos son un «mínimo obligatorio» y que las escuelas pueden enseñar otros métodos anticonceptivos si sus juntas escolares lo permiten, lo cual según Hartline y Reyes es infrecuente.

El texto también instruye a los maestros a enseñar a los estudiantes que la «conducta homosexual» es una «ofensa criminal». Un proyecto de ley que no se votó por falta de tiempo en la pasada sesión legislativa proponía eliminar este párrafo.

La ONU considera la educación sexual y de igualdad de género como un derecho humano. No obstante, para los conservadores religiosos, una educación sexual amplia deforma los valores que los adolescentes aprenden en casa.

Con la Biblia en el pupitre

Los legisladores de Alabama también aprobaron una ley que permite enseñar la Biblia y la historia de la religión en las escuelas públicas, así como exponer iconografía religiosa en las aulas.

La medida, que según sus detractores acabará dando un espacio para la evangelización, está a la espera de la luz verde de la gobernadora Kay Ivey, quien ya firmó con argumentos cristianos la ley antiaborto.

«Varios estados están proponiendo clases de la Biblia», tuiteó el presidente Donald Trump en enero, luego de que un puñado de estados introdujeran proyectos similares. «¡Genial!».

La versión de Alabama aclara que el profesor debe cumplir la ley federal manteniendo su «neutralidad religiosa», pero añade que la junta escolar no tiene responsabilidad legal si los profesores acaban promoviendo la Biblia.

¿Qué pasó con la separación entre el Estado y la Iglesia?

«Están cada vez más y más cerca» y el gobierno de Trump cree «que es su oportunidad. Por eso lo del aborto», dice André Ryland, el frustrado ateo que monitoriza el sur de Alabama y el norte de Florida como miembro fundador de Humanistas del Oeste de Florida, un capítulo de la Asociación Humanista Americana que vela por mantener las creencias religiosas fuera de las legislaciones.

Alabama y Florida tienen frontera común, una zona donde se puede contar, a veces literalmente, una iglesia por cuadra.

«Hay grupos religiosos que buscan introducir más religión en el sistema público estadounidense», especialmente los protestantes evangélicos, dice Ryland.

La prohibición del aborto, incluso en casos de incesto o violación, fue votada por 25 hombres blancos que se identifican, todos, como miembros de iglesias protestantes.

Ryland suspira: «No es fácil».

(Con información de AFP)

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