Lucha Rusia a favor de la seguridad global

Trump pretende ejercer la hegemonía global en lo económico y lo político para adentrarse en el campo de la estabilidad estratégica

Moscú, Rusia. Rusia denuncia y trata de contener el metódico desmontaje por Estados Unidos de la seguridad global y dos de sus componentes claves: el control del desarme y los mecanismos para garantizar la confianza mutua.

Como afirmó en su momento la vocera de la Cancillería rusa, Maria Zajarova, Estados Unidos está concentrado en poner en práctica el concepto esbozado por el expresidente demócrata Barack Obama de la exclusividad norteamericana, traducida en hegemonía mundial.

La justificación para anunciar la salida del Tratado de Cielos Abiertos (TCA), una idea que propuso en su tiempo el propio Dwight D. Eisenhower, es apenas una formalidad para romper cualquier atadura que le impida ejercer la referida exclusividad, comentó la portavoz.

El presidente norteamericano, Donald Trump, pareció retomar a plenitud ese concepto e, incluso, introducir innovaciones para ir más allá de lo económico o lo político y adentrarse en el delicado campo de la estabilidad estratégica, comentan analistas locales.

La Cancillería rusa refutó esta semana en un comunicado oficial, tanto la decisión de Trump de abandonar unilateralmente el TCA, como las acusaciones de que Moscú empleaba ese acuerdo para situar futuros objetivos para sus armamentos de precisión.

El ministerio de Asuntos Exteriores también rechazó rotundamente la imposición de un ultimátum, en referencia a la condición de que Washington regresaría al TCA, si Rusia ‘cumple con sus obligaciones’, en una fórmula muy general que evita exponer pruebas concretas.

Rusia recuerda que los propios aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) le jugaron una mala pasada a Estados Unidos.

En este caso parece referirse a las exigencias de Estados Unidos de suspender los vuelos comerciales cuando realiza sus vuelos de observación de Kaliningrado, lo cual ya creó en una ocasión un incidente con la vecina Polonia, otro firmante del arreglo que funciona desde 2002.

Moscú limitó los vuelos en el enclave a un área de 500 kilómetros.

Las fuerzas armadas rusas situaron en Kaliningrado los complejos tácticos Iskander-M, con un alcance de cerca de 480 kilómetros, como respuesta al refuerzo de la presencia de la OTAN cerca de las fronteras de esta nación y el despliegue de sistemas antimisiles norteamericanos.

Algo similar ocurrió en el caso de las autoproclamadas repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur. Georgia, uno de los firmantes del TCA, rechazó los sobrevuelos rusos sobre su territorio, por ello Moscú limitó los vuelos por Estados Unidos sobre sus bases en esas dos regiones.

De hecho, aunque formalmente repitió acusaciones contra Rusia por supuestamente incumplir lo estipulado en el TCA, la alianza atlántica emitió una petición colectiva para que Estados Unidos reconsidere su intención de abandonar el referido arreglo.

Rusia aclaró que no saldrá del TCA, firmado en 1992 por 34 países, como un supuesto símbolo del fin de la Guerra Fría y el inicio de las medidas de confianza mutua en la esfera militar, y que mantendrá el cumplimiento de los deberes y derechos emanados de ese documento.

Francia, Reino Unido, Alemania e Italia expresaron su intención de mantenerse en el TCA, el cual más bien tenía como objetivo el acceso de la inteligencia de potencias occidentales al sobrevuelo de instalaciones militares, primero de la Unión Soviética y luego de Rusia.

Trump, en su afán de imponer la exclusividad estadounidense y de esa forma romper con cualquier compromiso internacional que impida desarrollar ese propósito, pareció olvidar que el TCA fue más bien una concesión hecha por Moscú para abrir sus puertas a los ojos de Occidente.

De hecho, aunque Estados Unidos este fuera, Rusia podría intercambiar vuelos de inspección con los estados europeos, donde también se sitúan instalaciones militares norteamericanas, mientras que el Pentágono perdería esa posibilidad en el caso de este país.

Estados Unidos tiene ahora seis meses para pensar mejor su decisión, pues de lo contrario el TCA quedará cerrado para la inteligencia de ese país norteño en suelo ruso, estiman observadores.

Para el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, la Casa Blanca desmonta metódicamente la seguridad estratégica global, después de abandonar el Tratado de Defensa Antimisil, el de Armas Nucleares de mediano y corto alcance y ahora el TCA.

Solo queda el Tratado para la Limitación y Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas, que Lavrov propone extender al menos por cinco años, para analizar con calma posibles variantes de su futuro funcionamiento, incluido con la participación de otros interesados.

Moscú mantiene abierta la opción del diálogo con la esperanza de que en Washington prevalezca el sentido común, para evitar la eliminación de más seguros a la peligrosa puerta de la confrontación bélica mundial.

(Con información de Prensa Latina)

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