Capacitan para preservar el patrimonio del bordado yucateco
Mérida, Yucatán. La capacitación directa en municipios para mejorar la calidad, recuperar técnicas tradicionales y abrir nuevas posibilidades de diseño para las bordadoras es uno de los principales componentes del trabajo que realiza la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta) para preservar el bordado maya como patrimonio vivo de Yucatán, una labor que se desarrolla en coordinación con la Secretaría de Cultura del gobierno federal y que ya alcanza a unas 50 artesanas en las primeras sedes del programa.
La titular de Sedeculta, Patricia Martín Briceño explicó que los talleres, que comenzaron recientemente, reúnen grupos de entre 15 y 20 bordadoras en distintas comunidades y están dirigidos tanto a fortalecer aspectos técnicos de la producción como a recuperar conocimientos sobre la propia historia del bordado, pues el propósito no es solamente que las participantes mejoren sus piezas, sino que reconozcan el valor cultural de un trabajo que forma parte de la identidad de sus comunidades.
Las actividades se desarrollan en sedes como Oxkutzcab, Tekax y Ticul, con participación de artesanas de distintas localidades de esas regiones, y contemplan contenidos de patronaje, materiales y diseño, además del acompañamiento de talleristas con experiencia en propuestas contemporáneas.
La intención es que quienes buscan innovar puedan hacerlo sin perder los elementos que dan identidad al bordado yucateco, por lo que uno de los énfasis de la capacitación está puesto precisamente en mantener la autenticidad de las técnicas mientras se exploran nuevas prendas y formas de presentar el trabajo artesanal.
A la par, Sedeculta impulsa el rescate de puntadas tradicionales que durante años dejaron de utilizarse con frecuencia, debido en parte a que el bordado yucateco llegó a identificarse principalmente con el punto de cruz y el trabajo realizado con máquina de pedal.
De acuerdo con Martín Briceño, existen alrededor de 44 puntadas consideradas dentro del textil mexicano y las bordadoras yucatecas conocen más de 35, por lo que los talleres y las clases de historia del bordado están permitiendo que algunas participantes incluso reconozcan técnicas que realizaban sus abuelas y que habían dejado de formar parte de su práctica cotidiana.
“Se hacían dos puntadas y ahorita, con todos estos talleres, con todas estas charlas, con todas estas clases, incluso de historia del bordado, las bordadoras están revisando, reconociendo; algunas llegan y te dicen: ‘Oye, este es el bordado que hacía mi abuela’”, relató la secretaria, al destacar que ese proceso de recuperación también permite contar con nuevos recursos para la creación de piezas contemporáneas sin desprenderlas de su origen.
Esta estrategia de formación se suma a un trabajo más amplio de salvaguarda que se desarrolla con las propias bordadoras, quienes participan a través del Consejo Estatal de Bordadoras en la construcción del plan que acompaña el expediente para buscar la incorporación del bordado maya al Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Dentro de esta misma estrategia se analiza con la Secretaría de Fomento Turístico la posibilidad de crear una ruta del bordado y colocar señalización en las comunidades donde esta actividad permanece vigente, mientras que también se procura que las propias artesanas tengan presencia en eventos donde puedan mostrar, vender y promover sus piezas.
La capacitación también se ha extendido a experiencias como Original, encuentro de arte textil que el año pasado salió por primera vez de Ciudad de México y tuvo sede en Yucatán, donde las artesanas participantes accedieron a talleres sobre calidad, precios, atención al cliente, comercio digital y promoción de sus productos en redes sociales.
Mientras avanza el expediente para el Inventario Nacional, la dependencia trabaja también con la expectativa de que el bordado maya pueda, en el futuro, ser reconocido por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, aunque la funcionaria recalcó que el proceso actual parte de un principio fundamental: que sean las propias comunidades y las bordadoras quienes definan cómo debe preservarse su patrimonio.
“Todo esto ha sido un ejercicio de gobernanza y ellas son las protagonistas, nosotros nada más somos el instrumento para que esto se dé”, afirmó.
(Con información de La Jornada Maya)
