Meta y evangélicos, claves del fraude derechista en Brasil
En las elecciones celebradas en Brasil el pasado domingo, Flávio Bolsonaro, candidato presidencial por el Partido Liberal (PL), ganó el primer lugar con 47.03 % de los votos emitidos (56 millones 104 mil, 503), frente a Luiz Inácio Lula da Silva, actual presidente del país y candidato por el Partido de los Trabajadores (PT), quien obtuvo 45.16 % (53 millones 879 mil 538).
Sin embargo, a Bolsonaro no le alcanzó este resultado para convertirse en el titular del poder ejecutivo, por lo que el próximo domingo 25 de octubre disputará con Lula da Silva la segunda vuelta electoral.
¿Cómo se explica este triunfo parcial de Bolsonaro? Nayar López Castellanos, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, respondió: “Aunque todavía no tenemos pruebas, no se descarta la posibilidad de que la presidencia estadunidense haya desempeñado un papel decisivo en él, sobre todo si consideramos que ya se corroboró que el consultor político y publicista argentino Fernando Cerimedo, muy cercano al entorno trumpista, influyó, mediante granjas de bots y de celulares, en los resultados de las elecciones en Bolivia, Honduras, Perú y Colombia”.
Según el profesor universitario, también hay que tomar en cuenta el gran peso específico que representan las iglesias evangélicas en el ámbito electoral brasileño (se estima que reúnen a cerca del 29 % de la población).
“En otras elecciones, los evangélicos consiguieron un importante número de votos, pero ahora no tuvieron un representante como tal. Con todo, más allá de la lógica partidaria, estas iglesias, que centran la solución de los grandes problemas en el individuo, conectan perfectamente con el discurso de Bolsonaro, quien se asume como el salvador de Brasil y ya dijo que sólo necesita un mandato para abordar y resolver los verdaderos problemas de este país, claro, sin detallar cómo lo haría”.
A decir de López Castellanos, otro factor que incidió en este proceso electoral fue el hecho de que Meta (empresa matriz de Facebook e Instagram) desactivó la cuenta publicitaria de Lula da Silva y le dio espacios gratuitos a la campaña de Bolsonaro.
“Ahora bien, como en cualquier otro país del mundo, en Brasil hay un bloque conservador y una oligarquía que no están de acuerdo con el proyecto de Lula da Silva, o sea, no consideran que el pueblo deba tener derechos. En pocas palabras, rechazan los valores que las fuerzas de centroizquierda y de izquierda han reivindicado en las últimas décadas, y enfocan sus esfuerzos en que todo se mantenga igual y no surjan cambios de ningún tipo, y por eso le meten mucho dinero a las campañas de sus candidatos”.
En opinión del también coordinador del posgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM, otro resultado negativo que arrojó la primera vuelta fue que, al ganar 121 escaños en la Cámara de Diputados y 28 en el Senado, el partido de Bolsonaro se consolidará como la principal fuerza política en el Congreso a partir de febrero de 2027.
“En cualquier escenario, esto no es bueno para la democracia ni para los derechos sociales conquistados. Seguramente, Lula da Silva utilizará este argumento para hacerle ver al pueblo brasileño que, si vota por Bolsonaro, el desastre será total”, añadió.
Durante los cuatro primeros gobiernos encabezados por el PT (dos de Lula da Silva: 2003-2007, 2007-2011; y dos de Dilma Rousseff: 2011-2015, 2015-31 de agosto de 2016; este último fue interrumpido por un golpe de Estado parlamentario), Brasil avanzó mucho, por vía de las políticas públicas, en el tema de los derechos sociales, pero con los gobiernos de Michel Temer (2016-2019) y Jair Bolsonaro (2019-2023) hubo un retroceso.
“Bolsonaro padre dejó el tema de la salud en muy mal estado (recordemos su desastroso manejo de la pandemia de Covid-19, por ejemplo), y profundizó los niveles de pobreza. Entonces, en su tercer mandato, que arrancó en 2023, Lula da Silva, además de encarar problemas históricos de Brasil, se vio obligado a recuperar lo perdido. No obstante, es imposible hacerlo en cuatro años. A esto, por supuesto, hay que sumarle los errores que ha cometido su gobierno en lo que se refiere a la difusión de los logros obtenidos y los beneficios que implican para el pueblo… En resumen, el 25 de octubre estarán en juego dos opciones: garantizar un mínimo de democracia, de derechos sociales y de respeto a las instituciones o, bien, caer en la parte más salvaje de la política, la cual ya está operando en los países latinoamericanos gobernados por la ultraderecha”, finalizó López Castellanos.
(Con información de Gaceta UNAM)
