Estados Unidos, proyecto inacabado ¿y fracasado?

Detrás de la economía más importante del mundo, la de Estados Unidos, aún hay personas que exigen libertad e igualdad. A 250 años de la Declaración de Independencia de aquel país, siguen en construcción esos conceptos y otros, como felicidad, a partir de las dinámicas política, económica, social y cultural actuales.

La Declaración es un proyecto inacabado, coincidieron académicos de la UNAM. Pero no se limita a la Unión Americana; se deben revisar las implicaciones que tiene para México, sobre todo considerando que el vecino país del norte es nuestro socio comercial; que tenemos temas comunes en materia migratoria, comercial y de inversiones; y que la interpretación de temas como la propiedad inciden sobre nuestro país.

En la mesa redonda “A 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Fundamentos y actualidad”, organizada por el Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), su investigadora, Estefanía Cruz Lera, recordó al respecto que los cuatro pilares fundacionales: vida, libertad, igualdad y derecho a la felicidad, son cuestiones que se consideran vigentes y eso hace atractiva dicha Declaración en la actualidad.

Estados Unidos todavía tiene la misión de garantizar entre sus ciudadanos dichos pilares. Y a pesar de que el capitalismo como lo conocemos surge después, en ese documento que buscó el consenso de los colonos se instauran los principios del orden liberal, y “sigue siendo un referente”.

Yvonne Tovar Silva, académica de la Facultad de Derecho, mencionó que, en la Declaración de Independencia de 1776, se parte de verdades evidentes, como que todos los hombres son creados iguales, y que todos son dotados “por su creador” de derechos inalienables como la vida y la libertad. Para garantizarlos, se instituyen gobiernos que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados. Además, se establece el derecho del pueblo de reformar el gobierno y sus leyes.

En su momento, los críticos del documento dijeron “igualdad y libertad ¿para quién?”. Thomas Jefferson, su autor principal, provenía de una familia con recursos, así que eso tenía un destinatario específico, un grupo privilegiado, y eso implicó que a lo largo de los siglos XIX, XX y parte del XXI, dichos términos deban seguir siendo revisados, aseguró la experta.

David Herrera, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), planteó el interregno (periodo) americano, ese momento que abre el movimiento independentista y la Declaración de 1776, cuando muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo, como la soberanía que reside en el pueblo o la noción de gobierno civil, que hasta entonces era sólo una forma filosófica de teorización.

Vemos lo pernicioso que son las facciones políticas dentro del régimen político estadunidense, y encontramos un acuerdo interelitista que tiene que ver con la idea de conservar las estructuras que permitan guiar a la sociedad de una mejor manera. Se engendra un pensamiento antipluralista e intolerante que es el caldo de cultivo ideal para los radicalismos de derecha, como el que tiene hoy Estados Unidos; el “trumpismo” viene de esas raíces.

En la Sala de Conferencias Mónica Verea del CISAN, Armando Basurto, también de la FFyL, dijo que la Declaración fue un experimento inédito que combinó el malestar económico y político, y que dio paso a un movimiento de rebelión sostenido no sólo por el enojo frente al agravio, sino sobre las experiencias de autogobierno e impartición de justicia ya establecidas en las distintas colonias. “Es el resultado de un largo ejercicio de debate público”.

El objetivo principal de la revolución americana no fue derrocar o incluso alterar el orden social existente, sino la preservación de la libertad política. El documento consta de tres partes, un preámbulo, una lista de agravios y una resolución; no funda un Estado ni una nación, sólo declara a las colonias como estados libres e independientes. Y eso no fue suficiente para garantizar la libertad, la justicia y la unidad política de esa nación; hoy, el gobierno de Trump pone en evidencia lo frágil y falaz que resulta que el orden político estadunidense tenga sus anclajes en el sueño americano de la búsqueda de la felicidad.

Finalmente, Ignacio Díaz de la Serna, del CISAN, opinó que la Declaración se apega a un esquema lógico en su construcción; expone un conjunto de principios, como que todos los hombres han sido creados iguales. Ahí, saltan a la vista ciertas lagunas: en dicha aseveración no se incluyen a los indios, mujeres, ni esclavos; la igualdad a la que se refiere es política y jurídica, jamás económica ni social.

A pesar de los silencios y ambigüedades que contiene, la Declaración no deja de ser un texto fundamental para Estados Unidos y para la historia moderna del mundo occidental. “Aun cuando la lectura que se ha hecho de ella ha cambiado con el transcurso del tiempo y se ha realizado desde diferentes perspectivas, continúa siendo una referencia política imprescindible”, finalizó.

(Con información de Gaceta UNAM)

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