Contra la violencia hay que reforzar vínculos y construir comunidad
En los espacios educativos es urgente mirar la violencia escolar desde lo social, colocando en el centro las relaciones, los vínculos y la construcción de comunidad. “Los problemas que enfrentan las y los jóvenes no son únicamente individuales, son sociales. Por eso, la intervención debe centrarse en las interrelaciones, en cómo se construyen y se transforman los lazos entre las personas”, advirtió en entrevista Nelia Tello, coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre la Violencia Escolar (SUIVE) y profesora de carrera de la Escuela Nacional de Trabajo Social.
Actualmente, explicó, se ha debilitado la comunidad y ha sido sustituida por colectivos temporales y relaciones superficiales; existe una inestabilidad en los vínculos socioafectivos y donde predomina la lógica de la inmediatez.
Además, la pandemia provocó una afectación profunda en la estructura social, situación que limitó el desarrollo de la capacidad relacional de las y los jóvenes, generando relaciones más frágiles, individualizadas y mediadas por lo virtual.
A ello se suma un contexto nacional caracterizado por la violencia estructural con factores que inciden directamente en la vida cotidiana del alumnado, y que se reproducen en los espacios escolares. Desde esta perspectiva, aseguró, la violencia no es un fenómeno aislado dentro de las escuelas, sino un reflejo de la realidad social.
En las comunidades educativas, abundó, se identifican problemáticas como debilitamiento de los vínculos afectivos, relaciones cada vez más individualistas y transitorias, falta de sentido de pertenencia, dificultades en el manejo emocional, consumo de sustancias, sexualidad vivida sin acompañamiento (embarazos, abortos en soledad) y discriminación.
Ante este panorama, desde el SUIVE se creó el programa Comunidades en Acción Social (CAS), un modelo de intervención orientado a fortalecer los vínculos sociales y a reconstruir el sentido de comunidad entre estudiantes de bachillerato de la UNAM, dirigido a los planteles de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) con miras a expandirse a otros espacios educativos.
El programa apuesta por reconstruir el tejido social desde la educación, promoviendo una formación basada en la corresponsabilidad, la empatía y el reconocimiento del otro; plantea un cambio de enfoque, dejar de entender problemáticas como la violencia de manera aislada, para abordarlas desde su raíz social y relacional.
El eje transversal del proyecto es el fortalecimiento de lazos y vínculos sociales, su repercusión en la toma de decisiones para que sean solidarias. Además, el programa reconoce que las y los estudiantes no son individuos aislados, sino sujetos en relación, cuya experiencia está profundamente vinculada a su entorno familiar, escolar y social, sostuvo.
CAS promueve el trabajo con grupos y comunidades escolares para fortalecer lazos sociales, resignificar las relaciones interpersonales y fomentar el sentido de pertenencia. Asimismo, incorpora líneas de acción vinculadas con el manejo de emociones, la sexualidad, la construcción de identidades y la prevención.
“Se trata de construir nuevas formas de convivencia, donde el centro sea la comunidad, donde el ‘yo’ se entienda siempre en relación con el ‘nosotros’. Una persona no existe en aislamiento. Somos en función del otro. Por eso, la intervención debe centrarse en reconstruir lazos, fortalecer relaciones y recuperar la dimensión colectiva de la vida”, indicó.
Dicho programa ha generado una creciente demanda en diversos espacios universitarios, lo que da cuenta de un interés cada vez mayor por incorporar este enfoque en los procesos formativos.
En ese sentido, Trabajo Social se posiciona como una disciplina estratégica para impulsar procesos de transformación profunda, al promover la resignificación de las relaciones sociales, el fortalecimiento de los vínculos comunitarios y la construcción de nuevas formas de convivencia basadas en el respeto y la corresponsabilidad.
Así, este tipo de iniciativas impactan en el ámbito educativo y abren camino a una transformación social más amplia, donde el diálogo y la reconfiguración de las relaciones se convierten en pilares fundamentales para la construcción de comunidades más equitativas, solidarias y libres de violencia.
(Con información de Gaceta UNAM)
