Sin vacunación, millones de humanos en peligro mortal
La evidencia muestra que la vacunación transformó la supervivencia humana; empero, este logro es reversible cuando se deterioran las coberturas y la confianza. “Proteger a la población exige acceso equitativo, comunicación responsable y acción colectiva”, afirmó Mauricio Rodríguez Álvarez, profesor del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM.
El también vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes sostuvo que una vacuna sólo cumple plenamente su promesa cuando sus beneficios pueden alcanzar a todas las personas que los necesitan. En 50 años, han evitado 154 millones de muertes, de las cuales 146 millones corresponden a menores de 5 años. La vacunación explica alrededor del 40 % de la reducción de la mortalidad infantil mundial desde 1974.
Al participar en la Cátedra Extraordinaria de Bioética, con el tema “Vacunas y salud pública: evidencia, incertidumbre y comunicación”, explicó que ésta “no es exclusivamente una intervención clínica, sino una práctica de salud pública y una responsabilidad social”. Cuando muchas personas están protegidas, disminuye la circulación del agente causal de la enfermedad que se busca prevenir y así se protege a los más vulnerables.
En la sesión organizada por el Programa Universitario de Bioética (PUB), recordó que hoy se vacuna contra más enfermedades y durante más etapas de la vida; hace más de 40 años las campañas masivas eran contra seis males, como poliomielitis o sarampión, y tenían como población objetivo a las infancias. Actualmente, se hace prevención en cada etapa de la vida, y alrededor de 20 padecimientos se pueden prevenir de manera rutinaria con esa práctica.
Rodríguez Álvarez rememoró que antes las enfermedades infecciosas eran visibles: se percibía un riesgo alto y se consideraba a la vacunación como necesaria. Ese era el caso de difteria o tétanos. No obstante, en la actualidad se percibe como “bajo” y hay quien voltea a ver más el riesgo de las vacunas que el de los padecimientos. Esto incrementa las dudas y la conducta de “no vacunación”.
Mantener las enfermedades “a distancia” requiere un esfuerzo de vacunación permanente, sostenido, y si no ocurre así, ellas pueden resurgir. Desde 2010, en el ámbito global, los avances se fueron frenando; además, el impacto de la pandemia produjo un retroceso en las coberturas de vacunación que aún no se termina de recuperar por completo.
En el caso del sarampión, dijo en la sesión moderada por la coordinadora de la Cátedra y académica del PUB, Carol Hernández Rodríguez, hubo fallas de vacunación que se agudizaron los últimos años, y esto generó las condiciones para que el virus encontrara a los no protegidos. En México, la epidemia comenzó en febrero de 2025. Al 27 de agosto de 2026 hay 19 mil 378 casos confirmados y 45 defunciones. “Ahora estamos en niveles bajos, pero aún hay casos nuevos”.
Acumulación de personas susceptibles
Mauricio Rodríguez indicó que las epidemias aparecen cuando se acumulan personas susceptibles. Algunos no pueden, otros postergan y algunos más deciden no vacunarse. La “no vacunación” por no saber y no querer tiene que ver con desconfianza, y con oportunidades perdidas, cuando la gente acude, pero no le colocan la vacuna en ese momento y ya no regresa.
Condiciones sociales, políticas y económicas limitan sistemáticamente las posibilidades de algunas personas para proteger su salud. Los determinantes sociales también definen quién puede prevenir la enfermedad. La disponibilidad de vacunas no significa acceso; pueden ser gratuitas, recomendadas y disponibles en el país y aun así resultar inaccesibles, advirtió.
Además, el entorno informativo cambió. Antes el desafío era llegar a toda la población; hoy múltiples actores e intereses participan. El exceso de información y la desinformación complican que los mensajes lleguen. El reto es amplio: se necesita mejorar la cobertura de vacunación, pero también generar una narrativa que la favorezca, que la gente confíe y elija vacunarse, opinó el experto.
Comunicar es una obligación ética. “Esto nos lleva a plantear compromisos: decir qué sabemos, qué no sabemos, explicar qué tan seguros estamos y por qué recomendamos actuar de cierta manera”. Las brechas de vacunación son también un problema de comunicación y confianza, y sobre todo de equidad, derechos humanos y justicia social.
Detrás de las coberturas de vacunación hay personas protegidas o que quedaron sin protección; reflejan oportunidades para prevenir la enfermedad; expresan decisiones, confianza y responsabilidad colectiva, y son una medida de nuestra capacidad para protegernos como sociedad, concluyó Mauricio Rodríguez Álvarez.
(Con información de Gaceta UNAM)
