Más de 38 millones de dementes en el mundo

La enfermedad de Alzheimer es considerada la epidemia del siglo XXI, pues uno de los principales factores de riesgo es la edad y cada vez vivimos más años. Se estima que la prevalencia en personas de 65 años es de cinco por ciento, pero a partir de esa edad y hasta los 85 el porcentaje se duplica cada cinco años, destacó Margarita Becerra Pino, académica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina.

El riesgo de padecerla se estabiliza de los 85 a los 90 años; sin embargo, se calcula que cerca de 45 por ciento de la población mayor de 85 ya presenta algún tipo de demencia, abundó.

En ocasión del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemoró el 21 de septiembre, indicó que, de acuerdo con cifras de la Asociación Internacional de Alzheimer, hay más de 38 millones de personas en el mundo con demencia. Para 2030 aumentará a casi 66 millones, y para el 2050, a 115 millones.

Aunque se considera que es más frecuente en mujeres, no es un dato preciso, pues la diferencia en las estadísticas podría residir en que ellas viven aproximadamente cinco años más que los varones, aclaró.

Esta enfermedad es degenerativa del cerebro y es el prototipo de las demencias por ser la más frecuente. “Actualmente, las demencias son consideradas trastornos neuropsiquiátricos adquiridos, en donde las funciones cognoscitivas (memoria, orientación, lenguaje, cálculo y juicio) se deterioran progresivamente, de tal forma que producen cambios en la conducta y funcionalidad, causando discapacidad y dependencia”.

Síntomas

Este padecimiento se presenta de manera lenta y progresiva. La etapa temprana inicia con alteración de la memoria ‘reciente’ (dificultad para aprender nueva información), pero se conserva la ‘pasada’. “El problema a discernir sería si el trastorno de la memoria es parte del envejecimiento natural o el inicio del alzhéimer, señaló.

“La memoria empieza a envejecer alrededor de los 40 años: se altera la capacidad de denominar nombres y fechas (anomia), que aunque tarde, acaban por recordarse. En cambio, en el alzhéimer ya no se recuperan los recuerdos recientes y la persona no se percata de su situación. Se dan casos en que al fallar la memoria y no encontrar ciertas pertenencias, aseguran que han sido robadas.”

Otro de los síntomas característicos es la desorientación, de modo que el paciente puede perderse en lugares habitualmente bien conocidos por ellos.

“Conforme avanza la enfermedad se verán comprometidas funciones como el lenguaje; la capacidad de entender y comprender, de resolver y planear actividad, así como de reconocer personas y objetos. También, hay cambios en la conducta y la personalidad, hasta que el afectado deja de ser funcional y autosuficiente”, subrayó.

La académica expuso que no hay una cura para el alzhéimer. “Los tratamientos sólo son un paliativo de los síntomas y para mantener por el mayor tiempo posible la funcionalidad de los pacientes, que irremediablemente necesitarán apoyo de otras personas en su vida cotidiana; ante esta situación, es importante aliviar la sobrecarga del cuidador con psicoeducación y grupos de autoayuda”.

Además, a los familiares del paciente se les debe ayudar a aceptar que está realmente enfermo, darles orientación y acompañamiento durante los periodos del padecimiento, concluyó.

FACTORES DE RIESGO

  • La edad es uno de los principales; otros serían tener depresión, baja escolaridad, diabetes y la falta de actividad física, que se asocia al desarrollo de las demencias en general.

(Con información de Gaceta UNAM)

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