Gusano barrenador, riesgo para personas en situación de calle
El gusano barrenador en México es una emergencia nacional que ocasiona una enfermedad parasitaria de interés económico, tiene impacto en la salud animal y repercusiones en la salud pública, según Yazmín Alcalá Canto, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM.
La especialista en parasitología explicó que la mosca Cochliomyia hominivorax, en su fase larvaria, se alimenta de tejidos exclusivamente vivos y le gustan todos los animales de sangre caliente. “La mosca adulta es atraída por el olor de las heridas, las secreciones serosanguinolentas (que contienen una mezcla de suero y sangre) de una herida o mucosa, y deposita sus huevos en los bordes; ahí eclosionan las larvas, que desde su nacimiento comen de manera voraz todos los tejidos y, si esto se sale de control, hay una infestación masiva que, sin un tratamiento diagnóstico adecuado, puede llegar a ser mortal”.
En muchas especies de mamíferos (humanos, perros, gatos, vacas, borregos, conejos, cerdos, cabras, etcétera), e incluso en aves, la larva o gusano barrenador se reproduce muy rápido y produce miasis, una enfermedad parasitaria en la que los gusanos se alimentan del tejido vivo de estos animales.
El ciclo de vida, en condiciones como las de nuestro país, toma alrededor de tres a cuatro semanas, pero a partir de que la mosca pone los huevos y nacen las larvas, éstas se reproducen en uno o dos días”. Para que ponga sus huevos debe haber una herida abierta, aunque sea tan pequeña como la picadura de un insecto. Una vez que eclosionan y nacen las larvas, se alimentan rápidamente del tejido vivo y excretan.
“Por esta causa el animal que está infestado tiene infecciones de bacterias que generan un olor muy desagradable característico del gusano barrenador. Mientras éste come, ocasiona en el animal o persona afectada dolor, molestia, pérdida de apetito, letargo y a veces fiebre. En animales de compañía hay cambios de comportamiento, se vuelven agresivos, se aíslan, dejan de comer, insistentemente lamen o rascan su herida e incluso a veces tratan de automutilarse por el dolor”, detalló.
“Afectan a cualquier animal de sangre caliente, pero tienen predilección por el ombligo de los becerros recién nacidos, de ahí el nombre de gusano barrenador del ganado, pues les gusta más el ganado bovino. Pero si no encuentran contagian a cualquier animal que tenga una herida abierta”, señaló.
La infección por gusano barrenador no puede pasar de animal a persona directamente. “Los infectados son centinelas, es decir, uno con larvas en las heridas indica que por ahí están las moscas adultas; al existir éstas en el área es más probable que la herida de una persona u otro animal se infesten”.
Grupos sensibles
En cuanto a la población más vulnerable, Alcalá Canto mencionó a las personas y los animales que viven en las calles y se encuentran expuestas a tener una herida sin control sanitario. “Quienes viven en condición de calle tienen poca higiene y están más expuestas a lastimarse o rasguñarse; también aquellos que padecen diabetes, pues pierden sensibilidad en la piel y a veces no perciben la presencia de una larva en las terminaciones nerviosas afectadas”.
Otro grupo sensible son las personas con problemas de movilidad y los pacientes inmunocomprometidos, es decir, quienes tienen un trasplante de órgano, cáncer o el sistema inmune disminuido.
La especialista consideró que el gusano barrenador recuerda la profunda conexión entre la salud animal, humana y ambiental. “Entre más descuidemos el ambiente y la ecología, tendremos cada vez más epidemias y pandemias. El gusano barrenador nos puso a prueba como especie, igual que un virus hace seis años. Debemos dejar de lado esa visión antropocéntrica”.
Ante la duda por la presencia de gusano barrenador, la especialista recomendó dirigirse a las autoridades del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, organismo adscrito a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
(Con información de Gaceta UNAM)
