Karoshi, la muerte acecha en la oficina

En Japón, el ministerio de Salud empezó a recopilar estadísticas desde hace casi tres décadas y si un juez determina que alguien murió por karoshi, su familia recibe una compensación de unos 20 mil dólares por parte del gobierno y pagos de hasta 1.6 millones de dólares por parte de la compañía.

Al principio, las cifras oficiales reportaban un par de cientos de casos cada año, pero ya en 2015 el número de víctimas alcanzaba las 2 mil 310, según el Ministerio del Trabajo en Japón.

El problema es que ahora, el ranking mundial lo encabeza México.

De acuerdo con el Consejo Nacional en Defensa de las Victimas de Karoshi, la verdadera cifra puede llegar a las 10 mil víctimas anuales, más o menos el número de personas que mueren cada año en accidentes de tránsito.

¿Pero realmente puede uno morirse por exceso de trabajo? ¿O se trata de una combinación de enfermedades mal diagnosticadas y la edad del individuo?

¿Es posible que haya casos de karoshi en otros sitios, sin que el fenómeno haya sido reconocido?

Un karoshi certificado

Éste es un caso más o menos típico:

Kenji Hamada era un empleado de una compañía de seguridad en Tokio, casado con una joven esposa y exhibía una ética de trabajo impresionante.

Su rutina semanal incluía una jornada de 15 horas diarias de trabajo y 4 extenuantes horas de traslados entre su casa y la oficina.

Un día lo encontraron desplomado sobre su escritorio. Sus colegas asumieron que estaba dormido, pero cuando transcurrieron varias horas y no se había movido, se dieron cuenta de que estaba muerto.

La causa del fallecimiento fue un fulminante ataque cardíaco a la edad de 42 años.

“Ahora se trata de hacer ver que llegar temprano y eres de los últimos en irte, aunque este comportamiento sea improductivo”, explica Cooper.

Aunque Hamada murió en el 2009, el karoshi viene cobrando víctimas desde hace 40 años, cuando un saludable hombre de 29 años sufrió una apoplejía— la suspensión súbita de algunas funciones cerebrales, debida a hemorragia, obstrucción o compresión de una arteria del cerebro— luego de acumular turnos de trabajo en el departamento de distribución de uno de los periódicos más grandes del país.

Para que cuente como un caso de karoshi la víctima tiene que haber trabajado más de 100 horas extra en el mes anterior a su muerte o 80 en dos o más meses consecutivos de los últimos seis.

Por qué en Japón

Hacia los 80, cerca de siete millones de personas (alrededor de 5% de la población total del país) mantenía una agobiante carga de 60 horas semanales de trabajo, mientras que en países como Estados Unidos, Alemania o Reino Unido los empleados tenían un horario de 9 de la mañana a 5 de la tarde.

De acuerdo con una encuesta realizada en 1989, 45.8% de los jefes de secciones y 66,1% de los jefes de departamentos en las compañías grandes pensaban que morirían de tanto trabajar.

Para ese entonces, había suficientes muertes de trabajadores de cuello blanco por sobrecarga laboral como para que el gobierno comenzara a prestar atención.

Cuando la burbuja de la economía estalló a principios de la década de los 90, la cultura del trabajo en exceso empeoró todavía más.

En los años siguientes, conocidos como la “década perdida”, el karoshi alcanzó proporciones de epidemia.

La cifra de muertes en niveles gerenciales alcanzó picos de los que Japón no se ha recuperado.

Candidatos a karoshi

Cuando la víctima es una persona de media edad, con problemas latentes de salud como enfermedades cardíacas o diabetes, la muerte puede tener varias explicaciones.

Pero cuando se trata de un empleado joven y saludable —ingenieros, profesores universitarios o doctores—, la situación es realmente alarmante.

Entre los miles de casos hay dos factores que sobresalen como culpables de las muertes: estrés y falta de sueño.

La causa del karoshi

Si no es el estrés o la falta de sueño, ¿cuál es la causa principal de las muertes por karoshi?

Aunque parezca mentira, la causa puede estar en el tiempo que pasas en la oficina.

Al analizar los hábitos y la salud de más de 600 mil personas, un grupo de investigadores encontró que aquellos que trabajaron 55 horas a la semana tenían un tercio más de probabilidad de sufrir un infarto que aquellos que trabajaron menos de 40 horas.

No supieron por qué, pero los autores especularon que el problema podría ser simplemente estar sentado por largos periodos frente al escritorio.

El problema es que los japoneses ya no son los campeones de las horas extra. En 2015 el trabajador promedio japonés trabajó menos horas que el estadounidense. El ranking mundial lo encabeza México.

Como podía esperarse, el karoshi ya no es un drama exclusivamente japonés.

En China mueren al día unas 1 mil 600 personas por guolaosi, que es como se conoce a la muerte por exceso de trabajo en ese país.

“India, Corea del Sur, Taiwán y China —las nuevas generaciones de economías emergentes— están siguiendo los pasos que dio Japón en la posguerra hacia trabajar largas jornadas”, advierte Richard Wokutch, profesor de gerencia en la Universidad Tecnológica de Virginia.

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