Cancún y Riviera Maya, bajo el signo de los cárteles

Pedro Chackte, periodista y escritor.

A dos años y cuatro meses de haber asumido el poder, para Carlos Joaquín es tiempo de enfrentar el tema de la delincuencia organizada

El gobierno de Quintana Roo, encabezado por Carlos Joaquín González, ha entrado en una zona de confort, donde la actividad principal del gobernador es promocionar su actividad como titular del Poder Ejecutivo, en lugar de resolver los problemas de la entidad, como se planteó al inicio de su mandato.

Me refiero en esta ocasión al continuo crecimiento de la violencia, con cada vez un mayor número de ejecuciones que involucra a integrantes de la delincuencia organizada pero también a policías de las diversas corporaciones, así como la ciudadanía.

Al inicio de su administración, Carlos Joaquín enfrentó ciertamente una reacción desmesurada de las fuerzas políticas derrotadas que buscaban seguir actuando impunemente y de algún modo era prácticamente imposible abarcar todos los problemas al mismo tiempo.

Pero, a dos años y cuatro meses de haber asumido el poder, es tiempo de enfrentar el tema de la delincuencia organizada que implica no solo el tráfico de drogas, sino el secuestro, los asaltos, las extorsiones y las ejecuciones que siguen incrementándose.

Todo el trabajo realizado hasta ahora por la sociedad civil, los empresarios y las entidades gubernamentales de Quintana Roo, corre el riesgo de ser socavado por la proliferación de la violencia y convertir el paraíso turístico en un corredor de la muerte.

Ya dije.

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