La separación de la Élite Empresarial y el Estado

Primero, podríamos establecer para los fines de este texto, que el Estado mexicano surge precisamente a partir del triunfo de la guerra de Independencia, con la separación del Virreinato de la Nueva España, de la Corona española.

De esa manera, lo que inicialmente era una lucha entre los realistas e independentistas, devino en la independencia y la conformación de México como país libre y soberano, conformado por múltiples grupos étnicos americanos, los españoles (peninsulares y criollos), así como los mestizos producto de 300 años de colonización.

En segundo lugar, encontramos la separación de la Iglesia y del Estado, luego de la guerra de Reforma, por la cual el poder terrenal delimitó el campo de acción de las organizaciones del país del alto clero cuya intromisión en la vida política era dominante.

Tercero, un siglo después, tras el triunfo de la Revolución Mexicana de principios del siglo XIX, se dio la separación de las Fuerzas Armadas del Gobierno Civil, quedando las primeras, subordinadas al poder de los ciudadanos.

Está por demás decir, que las fechas de inicio y triunfo en cada caso, sirven más para las efemérides que como una representación de la lucha continua en cada una de esas esferas durante varios decenios.

Con la revolución llegó la más reciente matriz legal del país: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que sigue vigente hasta la fecha. En ella se establecen los tres poderes de la Unión: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, misma estructura que se repite en cada una de las entidades federativas.

Cabe mencionar que dicha integración de los poderes no se establece en el nivel municipal lo cual, a mi parecer, es una imperfección de la democracia representativa en la todavía vivimos.

En cuarto lugar, es necesario considerar las expresiones del presidente electo quien ha dado inicio a la Cuarta Transformación que, a final de cuentas, no es otra cosa que la separación entre los poderes fácticos y el Estado Mexicano.

Es decir, volver a la esencia de la democracia constitucional, con tres poderes perfectamente definidos, que no sean cooptados por las Élites Económicas, ya sean dueños de medios de comunicación, o de grandes consorcios industriales, comerciales, financieros o de prestadores de servicios.

En esta lista podemos incluir a los grandes cárteles de la delincuencia organizada (incluidos narcotraficantes, secuestradores, sicarios, tratantes de personas, extorsionadores, asaltantes, cobradores de derecho de piso, corruptos… entre otros)

En cada época, la resistencia al cambio ha sido magna, con letales consecuencias para la población en general, muchos de cuyos integrantes pagaron con su vida el precio de las luchas civiles.

Es natural entonces que, en esta segunda década del siglo XXI, los grupos empresariales reaccionen ante las medidas que el próximo gobierno ha esbozado apenas y haga uso (excesivo para algunos) de su libertad de expresión y de su poderío económico para defender lo que su juicio les corresponde.

Esperamos que la opción pacífica expresada en las urnas por más de 56 millones de mexicanos (más de 30 millones a favor del ganador) sea respetada por la Iniciativa Privada y no inicie una guerra económica interna que desestabilice al país.

Si el gobierno del presidente electo y los poderes fácticos respetan la ley, los mexicanos tendremos un crecimiento económico notable en los próximos años, en beneficio de toda la población (y sí, incluyendo a las élites).

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