Destinos de Quintana Roo, entre el bien y el mal

No, no vamos a hablar de ángeles y demonios. Se trata de plantear simplemente cómo las acciones virtuosas pueden no serlo tanto y las negativas tampoco. Quintana Roo es, como lo reiteran las noticias, uno de los 10 destinos turísticos más buscados del mundo y donde los cárteles tienen un campo de batalla.

Ejemplo 1.

El bien hacer turístico ha resultado en un éxito económico sin precedentes en México. El poder político y el financiero fueron creando las condiciones necesarias para que los proyectos presentados se pudieran realizar.

Se hicieron las legislaciones correspondientes, se negociaron los contratos de construcción, se concedieron prerrogativas para que el capital extranjero y el nacional concurrieran en la entidad para dar paso a más y más hoteles que albergarían a los turistas.

Al mismo tiempo que se negociaba con las navieras y las aerolíneas, se hacía lo propio con las agencias de viaje mayoritarias; se promocionaba el destino (Cancún, primero) y luego toda la Riviera Maya y más tarde el sur de la entidad.

Se abrieron las fronteras estatales para atraer a los trabajadores que hacían falta y se les brindaron las facilidades necesarias para establecerse con sus familias, aunque también, miles de extranjeros aprovecharon la laxitud del gobierno para quedarse y aportar labor.

Pero algo falló. Algo no se hizo bien.

Ejemplo 2

La corrupción política y empresarial, por un lado y la depauperación de las zonas populares urbanas, fueron el caldo de cultivo ideal para que los cárteles de la droga encontraron un ‘mar’ de jóvenes dispuestos a distribuir todo tipo drogas, con tal de acceder a ese mundo que les mostraba día a día pero que era inalcanzable, a menos que tuvieran dinero en abundancia.

Pretender soluciones armadas, autoritarias, son insuficientes cuando el mercado y la oferta se enlazan. Las fuerzas del orden municipales, estatales y federales fueron alcanzadas por la tentación de la ‘manzana’ de los millones.

El resultado, la proliferación de células de los distintos cárteles de la droga, cuyo control se mantenía mediante ‘acuerdos’ territoriales y económicos con los respectivos jefes de plaza y las autoridades.

Al generarse la alternancia política, los diversos grupos (por sí mismos o instigados por los perdedores) han emprendido una confrontación que ha derivado en la ejecución de decenas de narcomenudistas que ponen en riesgo la seguridad de ciudadanos y visitantes.

A mediano y largo plazo, es una situación insostenible que afecta la viabilidad turística en caso de mantenerse o, peor aún, incrementarse los niveles de violencia.

Urge pues, que el gobierno federal y del estado, junto con los gobiernos municipales, actúen y encuentren la manera de atemperar las acciones de los grupos delictivos presentes en Quintana Roo.

Y menciono los tres niveles de gobierno porque basta con uno que falle para que el problema siga creciendo, tal como lo vemos con las ejecuciones que se realizan de manera cotidiana. Esto es lo peor, que de tan frecuente, la violencia tiende a parecer ya como algo normal, sin que esto sea verdad.

Hagamos una historia diferente a Guerrero y Acapulco.

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