Reta cooperativa indígena a mafia alimentaria de Brasil

Cacoal. Una cooperativa agrícola de una pequeña aldea indígena en la Amazonía brasileña desafía las mafias que han controlado por décadas la explotación y comercialización de alimentos en esa lejana y selvática región.

Con la creación en octubre de la Cooperativa de Producción y Desarrollo Indígena Paiter (Coopaiter), que permite la comercialización de alimentos sin la intervención de terceros, y la expulsión en noviembre de madereros que talaban árboles, la aldea Nabecob Abalakiba comenzó a ser amenazada.

Después del enfrentamiento entre los indígenas y los madereros expulsados, pistoleros supuestamente al mando de los invasores atentaron contra Naraimi Suruí, hijo del cacique Anine, y su esposa, Elisângela Dell-Armelina Suruí, elegida educadora del año en Brasil, quienes lideran la cooperativa y salieron ilesos del ataque.

Cacoal, a 485 kilómetros de Porto Velho, la capital regional, es el único municipio de Rondonia en el que los indígenas participan del Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) del Gobierno Federal.

En la aldea Nabecob Abalakiba, a 45 kilómetros del centro de Cacoal, una veintena de familias de la etnia Paiter-Suruí comercializan a través del PPA productos cultivados por ellos mismos, como bananas, café, mandioca y castaña.

El estímulo a la agricultura familiar, bajo parámetros de desarrollo sostenible, genera mensualmente para esas familias indígenas recursos por un valor aproximado de 6 mil reales (unos 2 mil dólares).

“Lo que sentimos en el trabajo del PAA es la valorización de nuestra producción y buscamos mejorar la calidad. Nosotros tenemos varias aldeas dentro del PAA: la aldea Lobó, la Lapetanha y la Nabecob Abalakiba. Es un inicio de nuestro mercado”, señaló a Efe Naraimi Suruí, uno de los coordinadores del programa.

Entre los productos vendidos por los Suruí al Gobierno, que son destinados para alimentar comunidades carentes en todo el país, se encuentran cinco variedades de banana.

La aldea también produce otros alimentos para el consumo propio, como cacahuates, almendras, batatas, naranja y mandarinas.

Con la organización adquirida a través de la cooperativa, las aldeas buscan, además de mejorar la calidad de sus alimentos, conseguir mejores precios y evitar los “atravesadores”, como son conocidos los intermediarios que antes se quedaban con la mayor parte de las ganancias de la producción agrícola indígena.

“Yo creo mucho en lo que nos podemos fortalecer y en la unión del trabajo, porque nosotros somos un pueblo que necesita fortalecimiento en el trabajo y con el desarrollo sostenible”, comentó Lana Suruí, una de las encargadas de la colecta de castañas.

“La cooperativa viene a reforzar todo aquello que nosotros estamos necesitando” y, con el paso del tiempo, “va a traer un futuro mejor para nuestros hijos”, apuntó.

El surgimiento de la cooperativa se da meses después de una serie de acciones de las autoridades brasileñas para desmantelar una red de ganaderos y hacendados acusados de provocar gran parte de la deforestación en la selva amazónica.

En 2016 la Policía Federal arrestó a los supuestos cabecillas de una mafia acusada de falsificar títulos de tierras y deforestar 300 kilómetros cuadrados de selva en el vecino estado de Pará con el propósito de extraer madera de forma ilegal y luego convertir las áreas en pastizales para ganado y cultivos de soja y arroz.

La operación, que descubrió siete empresas fachada para encubrir los delitos ambientales y la formación de un cártel mafioso, se derivó de la denuncia presentada ante el estatal Instituto Brasileño del Medioambiente (Ibama) por indígenas de la región que acusaron a los ganaderos de invadir sus tierras.

(Con información de EFE, vía Sin Embargo)

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