Cercena Turquía libertad de prensa

La creciente represión en Turquía prosiguió este sábado con la detención de nueve responsables y periodistas del principal diario de oposición Cumhuriyet, después del arresto de responsables políticos prokurdos y de un atentado reivindicado por el grupo Estado Islámico.

Las detenciones el viernes de los jefes y varios diputados del HDP, principal partido prokurdo, fueron recibidas con preocupación en el extranjero, donde se considera que son una nueva etapa de las masivas purgas iniciadas tras el fallido golpe de julio.

Entre las nueve personas detenidas oficialmente este sábado figuran el redactor-jefe de Cumhuriyet, Murat Sabuncu, el editorialista Kadri Gursel y el dibujante Musa Kart.

Los nueve integrantes del diario detenidos fueron acusados de estar vinculados a los rebeldes kurdos y al fallido golpe de Estado del 15 de julio pasado, urdido según las autoridades por el movimiento del predicador Fethulá Gulen.

Cumhuriyet aseguró tras las detenciones que lucharía «hasta el final», en un país donde la prensa ha sido particularmente maltratada tras el golpe fallido. Quince diarios, revistas y agencias de prensa, generalmente basadas en el sudeste del país de mayoría kurda, fueron cerrados en las últimas semanas.

Kurdos en la mira

El viernes habían sido los kurdos los que padecieron los efectos de la represión: los copresidentes del principal partido prokurdo, el Partido democrático de los pueblos (HDP), Selahattin Demirtas y Figen Yüksekdag, así como una decena de diputados, fueron detenidos.

Horas más tarde un tribunal de Diyarbakir decretó su arresto preventivo, en el marco de una investigación «antiterrorista» vinculada al PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) según la agencia progubernamental turca Anadolu.

Otros cinco diputados del HDP se hallan también en detención preventiva. El HDP, segundo partido de oposición en Turquía, estimó en un comunicado que estos arrestos suponen «el fin de la democracia» en el país.

Tras estas detenciones, un atentado con coche bomba golpeó el viernes por la mañana un edificio de la policía en Diyarbakir, «capital» del sudeste turco de mayoría kurda, causando nueve muertos –dos de ellos policías– y más de 100 heridos, según un balance oficial.

Fue atribuido de inmediato por el primer ministro Binali Yildirim al PKK, una organización calificada como terrorista por Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea

Sin embargo el atentado fue luego reivindicado por el grupo Estado Islámico (EI) a través de su agencia Amaq, órgano de propaganda de la organización yihadista.

El líder del EI, Abu Bakr al Baghdadi, había exhortado el jueves a sus combatientes a atacar Turquía para vengarse de este país, muy implicado en la lucha contra los yihadistas en Siria e Irak.

Occidente, ¿preocupado?

El sábado, el HDP recalcó que seis de sus diputados detenidos se hallaban precisamente en el edificio atacado en el atentado, y que estuvieron a punto de verse afectados por éste, sugiriendo así que pudieron ser el verdadero objetivo del EI, grupo que también los kurdos combaten en Siria e Irak.

El acceso a las redes sociales y a las mensajerías quedó igualmente muy perturbado desde el viernes.

La jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini, de declaró «extremadamente preocupada» el viernes tras las detenciones de los responsables prokurdos.

Washington, por su lado, dijo estar «profundamente inquieto» y aseguró que «restringir el acceso a internet socava la confianza en la democracia turca y en su prosperidad económica».

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