Aumenta la incultura científica en la clase política del país

La ciencia no ha avanzado de la astrología a la astronomía, ese camino positivista no corresponde a la realidad. Lo que es creciente es la incultura científica, sobre todo en la clase política del país, expuso Antonio Lazcano Araujo, académico de la Facultad de Ciencias e integrante de El Colegio Nacional.

Reconocido en el mundo por más de tres décadas de estudios sobre el origen de la vida, Lazcano Araujo dijo que aun cuando todos hemos sido educados en el entendido que la ciencia es el conocimiento absoluto, “no hay ciencia, sino ciencias”.

“Hemos mitificado al método científico y a la ciencia que ha sido un estándar para resolver un problema, pero hay que hacer notar que la matemática aborda y solventa diferente a la bioquímica, la astronomía distinto a la botánica, y así”, explicó el extitular de la Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida.

En la sesión del Seminario Permanente de Bioética, realizada en el Auditorio Alberto Guevara Rojas de la Facultad de Medicina, Lazcano ofreció cuatro argumentos por los cuales se han avivado las manifestaciones de la seudociencia.

“Por el fracaso de la medicina contemporánea, por ejemplo su incapacidad para enfrentar el cáncer; la práctica de la medicina herbolaria no hipocrática, porque la gente se ha volcado hacia ésta por una cuestión más ideológica no tanto tradicional, y ante el capitalismo despiadado la población cree encontrar en la herbolaria la solución; además de la inoperancia del aparato médico institucional, y, por supuesto, la incultura científica creciente de la clase política y los tomadores de decisiones.”

Hay que aclarar, abundó Antonio Lazcano que la incultura científica no es propia de un solo partido político. “Cabe mencionar, que aunque en el siglo XIX la Iglesia fue derrotada, en los últimos años la política apesta a pulpito y a veladora, porque ahora son los partidos los que se han acercado a ésta.

“Lo anterior creará un maridaje que inevitablemente se manifestará tarde o temprano en la toma de decisiones en las que se evidenciará la misma incultura científica”, subrayó.

Lo semejante no cura lo semejante

Martín Bonfil, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC), señaló que es muy difícil establecer un criterio de demarcación entre la ciencia y la seudociencia, por lo que deben apegarse al análisis y la evidencia.

“Ahí están la homeopatía, el reiki, la aromaterapia, la medicina cuántica, que no cuentan con soporte en evidencia científica, pero se presentan como opciones, porque siempre hay alguien al que sí le funcionó”, indicó.

“Lo semejante cura lo semejante”, añadió, porque hay algunos productos incluso que no se venden como medicinas sino como suplementos.

“Por ejemplo, la medicina tradicional cumple funciones sociales, espirituales, pero sí debería estar sometida a estudios clínicos; la herbolaria es eficaz, pero algunos remedios pueden ser tóxicos porque la dosis hace el veneno”, argumentó.

Cada quien puede creer en lo que desee, concluyó Bonfil Olivera; sin embargo, el fondo de este asunto es la carencia de cultura científica, la cual tendría que ser parte de la cultura popular de los mexicanos.

(Con información de Gaceta UNAM)

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